Jueves, 15 de enero de 2026

El Hallazgo Subterráneo que Podría Reescribir la Historia de Teotihuacán: Descubren un «Inframundo Artificial» Intacto Bajo la Pirámide de la Luna

TEOTIHUACÁN, ESTADO DE MÉXICO.- Mientras miles de visitantes recorren diariamente la monumental Calzada de los Muertos, maravillados por las pirámides del Sol y la Luna que se recortan contra el cielo, una revelación silenciosa y profunda ha estado gestándose bajo sus pies. Hoy, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha confirmado un descubrimiento que promete sacudir los cimientos de nuestro entendimiento sobre la civilización más enigmática de Mesoamérica. Lejos de ser una simple estructura, la Pirámide de la Luna ha revelado su más profundo secreto: es la guardiana de un vasto y prístino «inframundo artificial», una red de túneles y cámaras que han permanecido selladas y en perfecta oscuridad por casi dos milenios.

Este hallazgo, logrado gracias a una revolucionaria técnica no invasiva de detección de muones, trasciende cualquier descubrimiento previo en la zona. No se trata de una cueva o un pasadizo aislado, sino de un complejo deliberadamente diseñado para emular el viaje cósmico al inframundo, un paisaje ritual que podría contener las respuestas a las preguntas más grandes sobre Teotihuacán: ¿Quiénes eran sus gobernantes? ¿Cómo era su estructura de poder? ¿Y por qué una civilización tan poderosa colapsó de forma tan abrupta?

Rayos Cósmicos para «Ver» a Través de la Piedra

La clave de esta revelación ha sido la aplicación de la muografía, una técnica de vanguardia que utiliza muones —partículas subatómicas generadas por los rayos cósmicos que bombardean la Tierra constantemente— para escanear el interior de estructuras masivas sin mover una sola piedra. Similar a una radiografía a escala monumental, los detectores colocados estratégicamente en la base de la pirámide han mapeado las diferencias de densidad en su interior, revelando vacíos y pasadizos con una precisión sin precedentes.

El Dr. Arnulfo Mendoza, físico del proyecto en colaboración con el equipo de arqueólogos del INAH liderado por la Dra. Verónica Ortega, lo explica para https://www.google.com/search?q=reportetotal.com: «Imaginen que la pirámide es bombardeada constantemente por una lluvia invisible. Nuestros sensores miden cuántas de estas partículas la atraviesan. Donde hay roca sólida, menos partículas llegan; donde hay un hueco, una cámara, un túnel, el flujo es mayor. Lo que hemos mapeado no es una suposición, es un negativo físico del interior de la pirámide. Y lo que muestra es espectacular».

Los datos han permitido generar un modelo 3D de una red que se inicia con un túnel principal a unos 15 metros de profundidad, extendiéndose por más de 100 metros hacia el centro de la estructura y ramificándose en al menos tres cámaras principales. Estas cámaras, a su vez, parecen estar conectadas a pasadizos más pequeños, creando un laberinto que refleja la cosmovisión teotihuacana de los múltiples niveles del inframundo.

Un Cosmos Sellado: Ofrendas que Hablan desde el Pasado

Aunque la exploración física apenas comenzará con robots de alta tecnología, las primeras inspecciones con georradares de penetración terrestre (GPR) han confirmado la presencia de ofrendas masivas, cuyo significado es tan potente como los objetos mismos.

En el suelo de la cámara central, los sensores han detectado grandes cantidades de mercurio líquido. Este elemento, extremadamente raro y difícil de obtener, no es un hallazgo casual. En la cosmovisión mesoamericana, su brillo y liquidez representaban los ríos y lagos del inframundo, una frontera líquida y sagrada entre el mundo de los vivos y el de los muertos. La presencia de estos «ríos» artificiales sugiere que los teotihuacanos no solo enterraban a sus muertos, sino que recreaban activamente el universo entero para ellos.

Junto al mercurio, se han identificado depósitos de pirita (conocida como «el oro de los tontos») que, pulida, se usaba para crear espejos que se creía eran portales a otras dimensiones. Además, miles de cuentas de jade, conchas marinas, y cerámicas finamente elaboradas yacen esparcidas, indicando que este no era un túnel utilitario, sino el escenario del ritual más sagrado e importante de la ciudad.

«Cada objeto, cada elemento, fue colocado con una intención clara: construir una réplica del cosmos para la eternidad», afirma la Dra. Ortega. «Este no es un túnel, es un modelo a escala del universo. Y si es así, lo que se encuentre en su centro podría ser la clave de todo el sistema: la tumba de un gobernante fundador, un personaje deificado cuya ausencia en la historia escrita ha sido el mayor misterio de Teotihuacán».

En Busca del Rey Perdido

A diferencia de los mayas o los aztecas, los teotihuacanos no dejaron estelas con nombres de reyes ni glifos que narraran sus linajes. Siempre se ha debatido si su gobierno era ejercido por un solo señor, un consejo de élites o una estructura de poder corporativa. El descubrimiento de este complejo subterráneo, con una riqueza y complejidad que superan incluso al famoso túnel bajo el Templo de la Serpiente Emplumada, apunta a que fue concebido para una figura de poder supremo.

Si las futuras exploraciones robóticas y, eventualmente, humanas, confirman la existencia de una tumba real intacta, no solo se pondría nombre y rostro a los líderes de Teotihuacán, sino que se podría entender la estructura política, religiosa y social que permitió a esta metrópoli dominar Mesoamérica durante más de 500 años.