El asfalto de la Ciudad de México no sintió hoy el peso de miles de personas, sino el de una sola y profunda herida que se niega a cicatrizar. A once años de la noche más oscura de Iguala, el grito de justicia por los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa no solo ha vuelto a resonar, sino que ha retumbado con la fuerza de 4,015 días de impunidad, paralizando el corazón de la capital y sacudiendo, una vez más, la conciencia de toda una nación.
No fue una marcha más. Fue la materialización de la memoria, un río de dignidad encabezado por los rostros curtidos por el sol y el dolor de los padres y madres que se han convertido en el faro moral de un país que busca a más de 100,000 desaparecidos. Con la consigna «¡Porque vivos se los llevaron, vivos los queremos!» como estandarte, miles de ciudadanos, estudiantes y organizaciones sociales se unieron en una sola voz, demostrando que el tiempo, lejos de diluir el reclamo, lo ha hecho más fuerte, más profundo y más urgente.

Un Recorrido de Exigencias, No de Celebración
La jornada, que culminó con una concentración masiva en un Zócalo blindado por vallas metálicas —una metáfora visual de la distancia entre el poder y el pueblo—, comenzó horas antes bajo una tensión palpable. Desde el Ángel de la Independencia, la columna humana avanzó por el Paseo de la Reforma no como un desfile, sino como una procesión laica en busca de la verdad. Cada paso era una acusación. Cada pancarta, una pregunta sin respuesta.
En el templete, frente a un Palacio Nacional que escuchaba en silencio, las voces de los padres se quebraron, pero su mensaje fue inquebrantable. «No venimos a festejar un aniversario, venimos a exigir respuestas. Once años y el gobierno sigue administrando nuestro dolor con promesas vacías», expresó con la voz entrecortada pero firme María de Jesús Tlatempa, madre de uno de los 43 jóvenes.
Las demandas, lejos de ser abstractas, fueron quirúrgicas y directas, apuntando a lo que las familias consideran los nudos ciegos de la investigación:
- Extradición Inmediata: Se exigió al gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum acelerar y concretar la extradición de figuras clave en la construcción de la llamada «Verdad Histórica», como Tomás Zerón de Lucio, ex titular de la Agencia de Investigación Criminal, y el juez Ulises Bernabé, quienes se encuentran en el extranjero.
- Archivos Militares Abiertos: El clamor más enérgico se centró en la apertura total y sin restricciones de todos los archivos de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA). «Sabemos que el Ejército tiene la información que falta. Su silencio los hace cómplices. No queremos sus verdades a medias, queremos los documentos», sentenció el vocero de los padres, Felipe de la Cruz.
- Investigación Tecnológica Real: Insistieron en que se retome y profundice la investigación sobre los teléfonos celulares de los estudiantes que, según informes, permanecieron activos horas e incluso días después de su desaparición forzada.

Entre la Paz y la Furia Contenida
La Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) de la Ciudad de México reportó una afluencia de miles de participantes y, en su balance oficial, calificó la manifestación como mayoritariamente pacífica. Sin embargo, la jornada no estuvo exenta de tensión. Pequeños grupos de jóvenes encapuchados, que los propios organizadores se esforzaron por aislar, realizaron pintas en monumentos y vallas, y lanzaron algunos petardos. Estos actos, aunque minoritarios, son el reflejo de la frustración y la rabia de una generación que ha crecido bajo la sombra de Ayotzinapa.
Pero la imagen que perdurará no será la del vidrio roto, sino la de los rostros de los 43 estudiantes impresos en miles de lonas, ondeando como banderas de una batalla que no cesa. La del pase de lista que culminó con el grito ensordecedor de «¡Justicia!» que hizo vibrar la Plaza de la Constitución.
Hoy, la herida de México volvió a abrirse en su capital. No para lamentarse, sino para recordarle al poder que 43 familias, y con ellas todo un país, no olvidan, no perdonan y no claudicarán. La exigencia sigue intacta, tan viva como la esperanza de volver a verlos. La lucha continúa.









