Por primera vez en la historia, un equipo de paleogenetistas logró recuperar ADN humano antiguo directamente de las paredes de cuevas con arte rupestre, sin tocar ni dañar las pinturas. El hallazgo, publicado el 23 de junio de 2026 en la revista Nature Communications, abre una ventana inédita a la prehistoria: la posibilidad de saber quién estuvo frente a esos muros hace miles de años, si fue hombre o mujer, e incluso, algún día, si el autor de una pintura fue un Homo sapiens o un neandertal.
El trabajo fue liderado por el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, en Leipzig, Alemania, junto con arqueólogos de España y Portugal. Se trata de un cambio de paradigma: hasta ahora, el arte paleolítico se estudiaba por lo que se veía (los trazos, los pigmentos, las técnicas), pero nunca se había podido interrogar directamente el material genético dejado por las personas que tocaron la roca.
La primera autora del estudio, Alba Bossoms Mesa, resumió la magnitud del logro: aunque no pueden conectar todavía el ADN encontrado con la creación misma del arte, «esta es la primera evidencia de conservación de ADN humano en paredes de cuevas». El coautor Matthias Meyer lo llevó más lejos: «Ahora podemos hacer nuevas preguntas: ¿quién tocó este muro?, ¿fue un hombre o una mujer?».

Cómo queda el ADN pegado a una roca de hace milenios
La idea de fondo es sorprendentemente intuitiva. Cuando una persona se acerca a una pared, la toca, respira sobre ella, la pinta con las manos o incluso escupe pigmento por la boca (una técnica documentada en el arte rupestre), deja atrás rastros minúsculos de sí misma: células de piel, saliva, sudor. Bajo ciertas condiciones de humedad, temperatura y mineralización, esas moléculas de ADN pueden quedar atrapadas y protegidas durante milenios, en especial cuando una costra de calcita las sella contra el muro.
El desafío es que ese material es escaso y frágil, y compite con el ADN de todo lo demás que ha pasado por la cueva: animales, agua, sedimento y visitantes modernos. Por eso el equipo trabajó con las técnicas ultrasensibles de análisis de ADN antiguo que hicieron famoso al laboratorio de Leipzig, el mismo que revolucionó el estudio de neandertales y denisovanos.
Once cuevas, 120 muestras y unos pocos aciertos de oro
Entre 2022 y 2025, los investigadores muestrearon 120 especímenes de 24 paneles de arte rupestre en 11 cuevas de España y Portugal. Analizaron pigmentos, secciones de pared sin pintar, sedimento, huesos de animales e incluso un aerógrafo prehistórico hecho con hueso de ave. La cosecha fue modesta pero contundente: solo un puñado de muestras entregó ADN humano antiguo utilizable, lo que confirma que la conservación es «altamente variable» y que cada acierto es un pequeño milagro tafonómico.
- Cueva de Escoural (Portugal): el resultado más sólido. Una costra de calcita pigmentada reveló ADN de uno o más humanos, sin rastro de ADN animal, lo que sugiere un contacto humano directo, a través de fluidos corporales. El material tiene al menos 2,000 años y probablemente es mucho más antiguo: la cueva se selló hace unos 4,000 a 5,000 años.
- Cueva del Covarón (España): muestras de pared, junto al arte, arrojaron ADN mixto humano y animal, vinculado a cazadores-recolectores occidentales que vivieron entre hace 5,200 y 16,700 años.
- Cueva de Altamira (España): el célebre aerógrafo de hueso de ave no entregó ADN antiguo aprovechable, afectado por contaminación moderna y por lo limitado del muestreo permitido en un sitio Patrimonio de la Humanidad.
De las escasas muestras exitosas, el análisis de los cromosomas sexuales apuntó a que tres correspondían a mujeres y una a un hombre. Es poco, pero es justamente el tipo de dato que el arte, por sí solo, jamás podría ofrecer.

Por qué este descubrimiento importa tanto
El arte rupestre es una de las expresiones más profundas de la humanidad y, sin embargo, sus autores son fantasmas: sabemos que estuvieron ahí, pero no quiénes eran. Este método, no destructivo, promete devolverles un rostro genético. La investigadora Genevieve von Petzinger lo describió como «el inicio de una nueva era» que nos da «el potencial de conocer a los artistas reales».
Hay una pregunta que sobrevuela todo el campo desde hace años y que esta técnica podría ayudar a responder: ¿pintaron los neandertales? Algunas dataciones en cuevas españolas como Ardales, Maltravieso y La Pasiega sugieren marcas anteriores a la llegada de los Homo sapiens a Europa, lo que implicaría autoría neandertal. Si en el futuro se lograra recuperar ADN neandertal o denisovano de una pared pintada, la discusión cambiaría para siempre. El equipo ya planea muestrear en Ardales y Nerja, precisamente donde los neandertales pudieron haber dejado su huella.
Contexto: el laboratorio que reescribió nuestro árbol genealógico
El Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva es el mismo que secuenció el primer genoma neandertal y descubrió a los denisovanos a partir de un hueso de dedo, un trabajo que le valió el Nobel de Medicina 2022 a Svante Pääbo. Extraer ADN humano del sedimento de una cueva ya era posible desde hace algunos años; lograrlo directamente de la superficie de una pared con arte, sin destruir la obra, es el nuevo escalón.
Qué sigue
Los propios autores insisten en la cautela científica. No pueden afirmar todavía que el ADN provenga del artista: pudo dejarlo un visitante o un habitante posterior de la cueva. La conservación es irregular y las cantidades, minúsculas. Pero el camino está trazado. Con muestreos más amplios y métodos aún más finos, la promesa es transformar cada pared pintada en un archivo genético capaz de contar, por fin, la historia de las manos que la crearon. Puedes consultar el estudio completo en Nature Communications.
Preguntas frecuentes
¿Cómo sobrevive el ADN humano en una pared durante miles de años?
Cuando alguien toca, respira o pinta sobre la roca, deja células de piel, saliva y sudor. Si esos restos quedan sellados por costras de calcita en un ambiente estable de humedad y temperatura, las moléculas de ADN pueden preservarse durante milenios, aunque en cantidades muy pequeñas y de forma irregular.
¿Significa esto que ya sabemos quién pintó el arte rupestre?
Todavía no. El estudio demuestra por primera vez que el ADN humano se conserva en las paredes, pero los investigadores no pueden garantizar que provenga del artista y no de un visitante posterior. Es una prueba de concepto poderosa que abre la puerta a futuras identificaciones.
¿Podría usarse para saber si los neandertales hicieron arte?
En principio, sí. Como la técnica es capaz de distinguir el ADN de distintos grupos humanos, si algún día se recuperara material genético neandertal o denisovano de una pared con pinturas antiguas, se podría confirmar su autoría. El equipo planea probarlo en cuevas como Ardales y Nerja.
Conclusión
Recuperar ADN humano antiguo de las paredes de una cueva marca un antes y un después en la arqueología y la paleogenética. Más allá del factor asombro, el hallazgo entrega una herramienta no destructiva para acercarnos a las personas de carne y hueso que, hace decenas de miles de años, dejaron su mano y su historia impresas en la roca.











