En el centro exacto de la retina, en una zona diminuta llamada foveola, se juega buena parte de lo que entendemos por «ver bien»: leer estas líneas, reconocer un rostro o enhebrar una aguja. Un equipo de la Universidad Johns Hopkins acaba de mostrar cómo se construye esa región antes de nacer, y el mecanismo resultó más raro de lo que enseñaban los libros desde hace tres décadas.
El trabajo, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), revela que los conos azules del centro de la retina no se apartan ni mueren: se transforman en conos rojos y verdes durante el desarrollo fetal. «Estas células en realidad se convierten con el tiempo, y eso es muy sorprendente», resumió Robert J. Johnston Jr., el biólogo que encabezó la investigación.

Un cambio de identidad dentro del ojo
La visión en color humana depende de tres tipos de conos, las células que reaccionan a la luz: unos sensibles al azul, otros al verde y otros al rojo. La combinación de sus señales produce toda la paleta que percibimos. Pero no están repartidos por igual. La foveola, el punto donde enfocamos aquello que miramos con atención, está tapizada casi solo de conos rojos y verdes, sin azules.
Durante 30 años se supuso que esos sensores azules simplemente se corrían hacia la periferia mientras el ojo maduraba. Al observar el proceso en organoides de retina —pequeños cúmulos de tejido cultivados en el laboratorio a partir de células madre y seguidos durante meses—, el equipo vio otra cosa: entre las semanas 10 y 14 de gestación, los conos azules del centro cambian de identidad y se vuelven rojos y verdes.
La receta: vitamina A y hormona tiroidea
El proceso ocurre en dos tiempos y con dos mensajeros químicos:
- Primero, el ácido retinoico, un derivado de la vitamina A, frena la fabricación de nuevos conos azules. Una enzima llamada CYP26A1 regula cuánto de esa señal llega a cada zona.
- Después, la hormona tiroidea —activada por la enzima DIO2— empuja a los sensores que quedan a convertirse en conos rojos y verdes.
El resultado es una mancha central hecha a la medida para el detalle fino. «Es muy importante, porque si dejas esos conos ahí, no ves tan bien», explicó Johnston.

Por qué importa más allá del laboratorio
La foveola es minúscula —cabría en la punta de un alfiler— y, sin embargo, aporta cerca de la mitad de todo lo que vemos con nitidez. Ahí se concentra la agudeza que permite distinguir letras o los rasgos de una cara. Entender la receta que la construye no es un detalle académico: es la base para fabricar mejores retinas de laboratorio y, a futuro, terapias de reemplazo celular.
El blanco más obvio es la degeneración macular asociada a la edad, una de las principales causas de pérdida de visión en personas mayores y un problema que crece conforme envejece la población, también en México. Hoy no tiene cura. Si los científicos aprenden a programar conos rojos y verdes a pedido, como sugiere este mecanismo, podrían acercarse a reemplazar los que se pierden en esa y otras enfermedades de la retina.
El dato curioso: ciegos al azul justo donde mejor vemos
Una consecuencia poco comentada de esta arquitectura es que el punto donde enfocamos carece de sensores para el azul. Por eso, un objeto azul muy pequeño mirado de frente puede volverse sorprendentemente difícil de distinguir, un fenómeno conocido como tritanopía foveal. El estudio ofrece, por fin, una explicación de cómo se origina esa peculiaridad durante el desarrollo.
Qué sigue
La primera autora, Katarzyna Hussey, hoy en la empresa CiRC Biosciences, y el resto del equipo buscan afinar cómo y cuándo actúan estas señales, un detalle que también podría importar durante el embarazo, cuando las hormonas tiroideas de la madre influyen en el desarrollo del bebé. El financiamiento provino de instituciones como los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, el Instituto Médico Howard Hughes y fundaciones dedicadas a combatir la ceguera.
Preguntas frecuentes
¿Qué son los conos de la retina?
Son las células que detectan el color. Hay tres clases, sensibles al azul, al verde y al rojo; su trabajo conjunto genera la visión en color a plena luz.
¿Este hallazgo ya sirve para tratar pacientes?
Todavía no. Es investigación básica hecha en organoides, pero abre una vía concreta para producir células de la retina útiles en futuras terapias.





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