Los robles y encinos siguen capturando dióxido de carbono de la atmósfera durante meses después de que su crecimiento anual se ha detenido, un desfase que podría obligar a revisar cuánto carbono almacenan de verdad los bosques del planeta. Así lo concluye un estudio publicado este 9 de julio en la revista Science Advances, de acuerdo con lo reportado por el portal especializado ScienceDaily y por medios de habla hispana como Cadena 3.
La investigación, encabezada por el ecoclimatólogo Mukund Palat Rao, del Observatorio Terrestre Lamont-Doherty de la Escuela del Clima de la Universidad de Columbia, desafía una de las suposiciones más arraigadas de la ciencia forestal: que la fotosíntesis y el crecimiento de la madera van de la mano.
Qué observaron en 137 bosques
El equipo analizó datos de 137 sitios de bosques de roble en el este de Estados Unidos y en California. Para reconstruir el ciclo anual de cada árbol combinaron imágenes satelitales, mediciones de CO2 tomadas hora por hora, sensores instalados en los troncos que registran los cambios de grosor, anillos de crecimiento y series de temperatura que se remontan a 1950.
El resultado sorprendió a los propios autores. Los árboles engrosan su madera principalmente entre mayo y julio, pero continúan realizando fotosíntesis hasta octubre o noviembre. Según el estudio, alrededor del 36% de la asimilación anual de carbono de los robles del este de Estados Unidos ocurrió después de que el crecimiento se había detenido; en California, esa proporción fue del 26%.
«En este momento, la mayoría de los modelos asume que si hay fotosíntesis, hay crecimiento. Encontramos que no es así», resumió Rao, citado por ScienceDaily.

Por qué el hallazgo interpela a los modelos del clima
La distinción no es un tecnicismo. La madera es el tejido que retiene el carbono durante décadas o incluso siglos; es el sumidero duradero por el que se valora a los bosques en la lucha contra el cambio climático. Si buena parte del CO2 que un árbol absorbe al final del año no se convierte en madera, ese carbono se destina a hojas, raíces o procesos metabólicos de corta duración, y una fracción termina de vuelta en la atmósfera.
De acuerdo con los investigadores, esto significa que varios modelos climáticos podrían estar sobrestimando la cantidad de carbono que los bosques almacenarán a largo plazo en un mundo más cálido y con mayor concentración de CO2. Dicho de otro modo: los árboles siguen siendo aliados imprescindibles, pero quizá no tan generosos como suponían algunas proyecciones.
El punto clave, subrayan los autores, es que absorber más dióxido de carbono no se traduce automáticamente en más madera almacenada. Ese «desacoplamiento» entre fotosíntesis y crecimiento se prolonga durante dos a cuatro meses cada año y, hasta ahora, la mayoría de las simulaciones lo pasaban por alto.
- La fotosíntesis y el crecimiento pueden estar separados durante buena parte del otoño.
- Captar más CO2 no equivale de forma directa a acumular más madera.
- Los cálculos de compensación de carbono basados en reforestación podrían necesitar ajustes con datos de campo.
El ángulo mexicano: la capital mundial del encino
Aunque el estudio se realizó en Estados Unidos, sus implicaciones tocan de lleno a México, y por una razón contundente: ningún país del mundo tiene tantos encinos. De acuerdo con registros de la biodiversidad mexicana difundidos por instituciones como la Conabio, en el territorio nacional crecen alrededor de 160 especies del género Quercus —cerca del 40% de las que existen en el planeta— y más de un centenar son endémicas, es decir, no habitan en ningún otro lugar.
Los bosques de encino y de pino-encino cubren cerca del 21% de la superficie del país, unos 9.5 millones de hectáreas, lo que los convierte en el segundo ecosistema terrestre más extenso de México. Se extienden desde la Sierra Madre Oriental y Occidental hasta los bosques de niebla del sur, y albergan una enorme variedad de hongos, insectos, aves y mamíferos.

Ese patrimonio verde es también un gigantesco depósito de carbono y una pieza de los compromisos climáticos que México asumió ante el Acuerdo de París. Si la relación entre fotosíntesis y almacenamiento de carbono es más débil de lo que se creía, las estimaciones sobre cuánto CO2 capturan los encinares nacionales —y los programas de pago por servicios ambientales que dependen de esos cálculos— podrían requerir una revisión más fina. A ello se suma la presión constante que enfrentan estos bosques por la tala, el cambio de uso de suelo y los incendios.
Lo que todavía falta confirmar
Conviene la cautela. La investigación se centró en robles de zonas templadas de Norteamérica y no midió directamente los encinares mexicanos, cuyas condiciones de temperatura, humedad y estacionalidad son distintas, en especial en los bosques tropicales de montaña. Los propios autores advierten que se necesitan más mediciones de campo para saber hasta qué punto el fenómeno se repite en otras latitudes.
Aun con esas reservas, el trabajo deja un mensaje claro para un país que presume la mayor diversidad de encinos del mundo: entender con precisión cómo respiran sus bosques será decisivo para no exagerar ni subestimar el papel que juegan frente a la crisis climática. La discusión, apenas abierta con este estudio, promete extenderse a las próximas revisiones de los inventarios nacionales de carbono.
Fuentes
- Trees keep absorbing carbon long after they stop growing (ScienceDaily)
- Los árboles siguen absorbiendo carbono mucho después de dejar de crecer (Cadena 3)
- Trees May Not Slow Climate Change as Much as Scientists Thought (Gizmodo)
Créditos de imagen: Dennisyerger84 (CC BY-SA 4.0); Laitche (CC BY-SA 4.0); Z3lvs (CC BY-SA 4.0). Vía Wikimedia Commons.





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