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Lunes, 13 de julio de 2026

Euclid halla 31 cuásares primitivos y pone a prueba la teoría de los agujeros negros

Euclid halla 31 cuásares primitivos y pone a prueba la teoría de los agujeros negros

El telescopio espacial Euclid, de la Agencia Espacial Europea (ESA), detectó 31 cuásares del universo primitivo, entre ellos los dos más antiguos observados hasta ahora. El resultado, difundido por la agencia el 6 de julio y publicado ese mismo día en la revista Astronomy & Astrophysics, vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: cómo lograron los primeros agujeros negros supermasivos crecer tanto en tan poco tiempo.

Un cuásar es el corazón encendido de una galaxia joven: un agujero negro supermasivo que engulle gas y polvo a un ritmo tan violento que el material se calienta y termina brillando más que todas las estrellas de su galaxia juntas. De acuerdo con la ESA, los dos objetos que rompieron el récord resplandecen con una intensidad equivalente a la de un billón de soles y su luz partió cuando el universo tenía apenas unos 670 millones de años, alrededor del 5% de su edad actual.

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Qué encontró exactamente Euclid

El estudio fue encabezado por Daming Yang, de la Universidad de Leiden. Estos son los datos centrales, según la ESA y la NASA, que aporta instrumentos a la misión:

  • Son 31 cuásares del universo temprano; 12 de ellos tienen un corrimiento al rojo igual o superior a 7, la marca que los ubica en los primeros cientos de millones de años del cosmos.
  • Los dos récord fueron catalogados como EUCL J172902.75+641018.1, con corrimiento al rojo de 7.77, y EUCL J125308.55+705432.3, con 7.69.
  • Reunir los primeros diez cuásares de esa antigüedad tomó más de una década. Euclid más que duplicó la cifra en cerca de un año.
  • El telescopio fue lanzado en julio de 2023 y comenzó a observar en febrero de 2024. Su misión principal es mapear el universo oscuro, pero el mismo barrido del cielo sirve para cazar objetos raros.
Los telescopios espaciales permiten barrer grandes áreas del cielo y detectar objetos muy lejanos y poco brillantes. Imagen ilustrativa.
Los telescopios espaciales permiten barrer grandes áreas del cielo y detectar objetos muy lejanos y poco brillantes. Imagen ilustrativa. · Foto: NASA/MSFC/David Higginbotham/Emmett Given (Public domain), vía Wikimedia Commons

«Euclid es un verdadero punto de inflexión. Nos permite buscar de forma mucho más eficiente en áreas enormes del cielo», declaró Yang en el comunicado de la ESA. Antonio La Marca, investigador de la agencia y coautor, describió el resultado como «un verdadero censo de cuásares en el amanecer del universo».

El problema de fondo: faltaba tiempo

La dificultad no es hallar los cuásares, sino explicarlos. Los modelos convencionales suponen que un agujero negro supermasivo nace de una «semilla» pequeña, quizá el resto de una estrella masiva, y luego crece devorando materia. Ese proceso tiene un límite físico: la radiación que emite el material al caer empuja hacia afuera el gas que lo alimenta.

Con ese freno incorporado, cuesta explicar que un objeto así exista cuando el universo apenas llevaba 670 millones de años. Como planteó Yang, su origen sigue siendo «uno de los grandes misterios de la astrofísica». Entre las hipótesis figuran semillas mucho más masivas, nacidas del colapso directo de nubes de gas gigantescas, y episodios de crecimiento acelerado que rebasarían temporalmente ese límite teórico.

Una segunda pieza, casi al mismo tiempo

El hallazgo no llegó solo. En un trabajo distinto, publicado en The Astrophysical Journal y difundido por el Instituto Max Planck de Radioastronomía, un equipo encabezado por la astrónoma Stefanie Komossa reportó que el agujero negro de la galaxia SDSS J110546.07+145202.4 crece a una velocidad excepcional.

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Esa galaxia está en la constelación de Leo, a unos mil 800 millones de años luz de la Tierra, una vecina en términos cósmicos. Su emisión de radio se multiplicó más de 20 veces y lleva encendida más de ocho años, algo que, según el instituto alemán, no se había documentado antes. Lo relevante es que el objeto combina baja masa con crecimiento acelerado, justo el perfil esperable en el universo primitivo: un laboratorio cercano para estudiar un fenómeno que suele observarse a miles de millones de años luz.

«Estamos ante el prototipo de una nueva clase de galaxias que experimentan cambios rápidos en su emisión de radio», señaló Phil Edwards, de la agencia australiana CSIRO y coautor del trabajo, apoyado en el radiotelescopio de 100 metros de Effelsberg.

El Gran Telescopio Milimétrico Alfonso Serrano, en Sierra Negra, Puebla, participó en la red del Event Horizon Telescope que obtuvo las imágenes de M87* y Sagitario A*.
El Gran Telescopio Milimétrico Alfonso Serrano, en Sierra Negra, Puebla, participó en la red del Event Horizon Telescope que obtuvo las imágenes de M87* y Sagitario A*. · Foto: panza.rayada (CC BY-SA 3.0), vía Wikimedia Commons

Por qué esto también se juega desde México

México no está en el núcleo de la misión Euclid, pero sí tiene asiento en la investigación de agujeros negros supermasivos. El Gran Telescopio Milimétrico Alfonso Serrano, en la cima del volcán Sierra Negra, Puebla, a más de 4 mil 600 metros de altitud, es una antena de 50 metros operada por el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE) y la Universidad de Massachusetts Amherst.

Ese instrumento participó en la red del Event Horizon Telescope, la colaboración que obtuvo las primeras imágenes del entorno de los agujeros negros supermasivos M87*, en la galaxia M87, y Sagitario A*, en el centro de la Vía Láctea.

El punto es práctico. Euclid barre grandes extensiones del cielo y produce catálogos de candidatos, pero confirmar cada objeto y medir cómo se alimenta exige seguimiento con otros instrumentos, incluidos los de radio y longitudes milimétricas. Ahí es donde infraestructura como la de Puebla y el Observatorio Astronómico Nacional de San Pedro Mártir, en Baja California, tiene algo que aportar, siempre que el país sostenga su participación en colaboraciones internacionales.

Lo que sigue

Euclid seguirá barriendo el cielo los próximos años, así que la lista crecerá. Cada objeto nuevo añade presión sobre los modelos y, a la vez, material para ponerlos a prueba. La conclusión más honesta es la que dejan entrever los propios autores: los primeros agujeros negros supermasivos existieron antes de lo que la teoría admite con comodidad, y aún no hay explicación cerrada de cómo lo lograron.

Fuentes

Créditos de imagen: NASA (Public domain); NASA/MSFC/David Higginbotham/Emmett Given (Public domain); panza.rayada (CC BY-SA 3.0). Vía Wikimedia Commons.

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